La Comunidad o "el otro me importa"

La riqueza, el poder y el control seguirán concentrados en pocas manos, en elites privilegiadas, en sectores hegemónicos hartos conocidos o fantasmáticamente desconocidos, tanto y en cuanto, como comunidad no asumamos nuestras responsabilidades, nuestras identidades y nuestras luchas, actuando colectivamente.
El poder tiene una estrategia: la desvinculación, romper redes, impedir su conformación.
Como comunidad, debemos tomar esos pedazos dispersos por esta estrategia salvaje y depredadora y, tratar de rearmar una contra-estrategia, un camino, una propuesta, que nos permita transitar esta nueva lucha, signada por la premisa “el otro me importa”.
Le hacemos el caldo gordo al orden global. Nos metemos en su juego, atendemos a sus necesidades. Nos dejamos deslumbrar e ilusionar, por nuevos “espejitos de colores” como si no bastara toda la historia de la humanidad para dar cuenta de quién es quién a la hora de distribuir lo ganado. La riqueza, se ha transformado en una palabra hueca, en el imaginario utópico del pobre que espera sin desesperar.
Los políticos, por su parte, apelan al voto de los pobres para conformar un gobierno, dónde el Estado no cumpla con su papel regulador ni “contenedor” de esta mala distribución de riqueza, sino por el contrario, se apropia de su propio discurso para servir a los intereses de este monstruo que subvenciona sus campañas y les hace creer que detentará el poder al infinito.
Allí donde fracasa el Estado, la Comunidad ha de advenir. Con sus redes y acciones que proporcionen en la lucha cotidiana un sentido y un destino de mayor transformación y calidad de vida para sus integrantes. Dónde la exclusión sea derrotada por la “mano que se tiende”. Dónde el hambre y la pobreza, sea vencida por el pan que se distribuye y el trabajo que genere riqueza y no pura alienación.
Dónde el espacio público y la vida comunitaria, sea la expresión que garantice que todos tenemos derechos y que por cierto, no sólo los tenemos, sino que podemos ejercerlos, para beneficio de todos. Dónde los discursos no resuenen a populismo marchito e inacabable, vacíos de contenido y acción y, se truequen y presentifiquen en acciones concretas, dónde el interés social, el bien común y el bienestar de todos no sean meras declamaciones sino compromiso y realidad del día a día.
Debemos tomar el control de este mundo quebrado, fracturado y dilapidado en sus recursos, que es tomar el control de nuestras vidas pero con conciencia social. Dejar de lado el pensamiento mágico de que una sola persona, un mesías, una Nación cualquiera podrá rescatarnos de los umbrales del infierno y, con sentido y sentimiento de comunidad, hacernos eco de nuestros problemas y desafíos, cuestionarlos, problematizarlos, hasta encontrar soluciones que en conjunto, alivie el dolor del otro, aliviando en consecuencia el propio.
Este desafío, esta propuesta de actuar en comunidad, como comunidad, identificando lugar de pertenencia y de acción, sólo puede lograrse colectivamente y, nunca a través de recetas mágicas de gurúes de la cocina individual o sectorial.
La comunidad debe establecer redes como motor de sus posibilidades, de sus acciones, para ser protagonista de un cambio que no se limite a “un trueque de deidades”, sino a reconocernos en el otro como el otro se reconoce en nosotros.
Porque "el otro me importa.".
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